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China busca en Latinoamérica nuevas fuentes de energía
Fuente: El Universal

Londres, 12 de abril de 2007.- Para sostener su fuerte ritmo de crecimiento, China tiene que diversificar sus fuentes de energía y mira cada vez más a Latinoamérica, reseñó Efe.

Sin embargo, según predice el semanario británico "The Economist", nuestro continente no se convertirá nunca en un suministrador fundamental del gigante asiático.

China ha sido un importador neto de petróleo desde 1993, y su demanda energética crecerá, según se espera, a un ritmo mayor que su producción nacional.

Así, en el 2005, ese país produjo 3,6 millones de barriles diarios frente a 2.8 millones en 1990, pero consumió en cambio 6.9 millones, lo que significa un incremento del cien por ciento en el último decenio.

Según fuentes estadounidenses, el consumo energético chino aumentará a 15 millones de barriles diarios para el año 2030 mientras que su producción sólo será de 4.2 millones.

Actualmente, según BP; China importa un 40 por ciento de su petróleo de Oriente Medio, un 23 por ciento de los países africanos y un 21 por ciento de Asia.

Sin embargo, hay riesgos asociados con los principales proveedores actuales como Arabia Saudí, Angola e Irán, aparte del hecho de que las importaciones chinas pasan por el estrecho de Malaca, donde prolifera la piratería.

De ahí que China esté tratando, según "The Economist", de forjar lazos más fuertes con los productores latinoamericanos.

La impronta energética china en América Latina incluye participaciones directas en compañías del sector, "joint ventures" con empresas estatales, e inversiones en infraestructuras, concretamente en transporte, oleoductos y refinerías.

El semanario británico destaca la compra por la China National Petroleum Corp (CNP) de un 45 por ciento del principal productor de crudo del Perú, PlusPetrol Norte, de propiedad argentina, o su participación junto a Sinopec (China Petroleum and Chemical Cop) en el consorcio "Andes Petroleum" que compró por 1.420 millones de dólares los activos en Ecuador de la petrolera canadiense Encana.

Un año más tarde, señala la revista, Sinopec constituyó otro consorcio con la compañía india ONGC Videsph para invertir 850 millones de dólares en una participación del 50 por ciento en el capital de Ominex de Colombia, subsidiaria de la norteamericana Ominex Resources.

CNP y Sinopec han llegado asimismo a acuerdos para la constitución de joint ventures con compañías estatales como la brasileña Petrobras y han firmado un memorándum de entendimiento en relación con el gasoducto que unirá el noreste y el sureste del Brasil y que podría en un futuro conectar con el proyectado Gasoducto del Sur, que unirá a Venezuela, Brasil y Argentina.

Asimismo, el gasoducto Brasil Bolivia y el que unirá a Argentina y Bolivia permitirá a este último país conectar con Gasur, de modo que China tendrá acceso a las grandes reservas de gas bolivianas, señala "The Economist", que señala que CNPC ha firmado además acuerdos con Petróleos de Venezuela y Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos.

El semanario británico señala que pese a todo el desembolso chino en la región puede ser inferior al esperado por Venezuela y otros países y explica, por otro lado, que las empresas chinas suelen utilizar preferentemente a trabajadores chinos en sus operaciones en el extranjero.

Además, pese a "compartir la retórica socialista" con Venezuela, China no ha ofrecido demasiado apoyo a las iniciativas de política exterior latinoamericanas, señala "The Economist", como se demostró con los intentos de Venezuela de conseguir un escaño en el Consejo de Seguridad o en la oposición de Pekín a los planes de reformas de la Organización de Naciones Unidas (ONU) propuestos por Brasil Alemania, Japón y la India.

Según "The Economist", hay una clara divergencia entre la retórica china y la realidad en su trato con América Latina: esta región supone una buena oportunidad de diversificación de sus suministros, pero "limitaciones prácticas y políticas" hacen que Latinoamérica no pase nunca de ser un proveedor energético de "segunda fila" para el país asiático.

"En puros términos estratégicos, la distancia entre China y Latinoamérica significa, dice el semanario, que China no podría defender sus rutas de suministro en el caso hipotético de un conflicto mundial".
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